Advertencia. Las siguientes líneas están llenas de simbolismos. Hay miles de interpretaciones esperando ser descubiertas. El sentido que pueda tomar depende de la situación actual del lector.
Me intriga descubrir que existe más allá de ti, más allá de tus máscaras, más allá de lo que me permitiste ver en ti. Me enorgullece saber que te esfuerzas por ser excelente. Me llena de ternura que quienes tienen la fortuna de conocerte bien, te califiquen como la mejor de las personas. Nunca buscaré atarte, pero no puedo negar la forma en que adoré la idea de que existiera un lazo para compartir. Me llegué a embriagar con tu deliciosa inteligencia y extraño el olor de tus suaves atenciones. No sé qué pasó con mis ojos, que ya nada los satisface. Sólo me queda agradecerle a Dios por el espíritu fuerte que le dio a mi ser, el hambre de vivir que le dio a mi alma y la disciplina que mi cerebro busca de forma implacable para neutralizar los sembradíos en mis sentimientos. Le agradezco a mi vida por volverse ajetreada de un momento a otro. Los mares tranquilos necesitan de oleadas turbias. No eres tu quien me perturba, sino mis caminos dándome algo más de que preocuparme. En mi universo tan lleno, con cantidades infinitas de todas las cosas, ya no caben los suspiros. Deberes, placeres y los quehaceres que más disfruto, fluyen, cual corrientes, ansiosas por realizarse. Un cariño erráticamente direccionado no me va a desconcentrar. Hay tanto por hacer, que el deseo de mi ser lo declaro tarea del arcángel Gabriel. Me rehúso a entrañarme en un laberinto de berrinches inertes. Nunca quise jugar, aunque bromeando eso aparenté. Además, luchar por una amistad frívola nunca ha conducido a ningún lugar. Qué felicidad saber que mis problemas son aparentes, son una ilusión, algo que no conocí. No hay nada malo que corregir, solo momentos por gozar y otros tanto para recordar. Me llena de júbilo saber que te conocí. Que importa ya lo demás. Mejor de vuelta a trabajar, pues hay muchos deberes que entregar.
Me intriga descubrir que existe más allá de ti, más allá de tus máscaras, más allá de lo que me permitiste ver en ti. Me enorgullece saber que te esfuerzas por ser excelente. Me llena de ternura que quienes tienen la fortuna de conocerte bien, te califiquen como la mejor de las personas. Nunca buscaré atarte, pero no puedo negar la forma en que adoré la idea de que existiera un lazo para compartir. Me llegué a embriagar con tu deliciosa inteligencia y extraño el olor de tus suaves atenciones. No sé qué pasó con mis ojos, que ya nada los satisface. Sólo me queda agradecerle a Dios por el espíritu fuerte que le dio a mi ser, el hambre de vivir que le dio a mi alma y la disciplina que mi cerebro busca de forma implacable para neutralizar los sembradíos en mis sentimientos. Le agradezco a mi vida por volverse ajetreada de un momento a otro. Los mares tranquilos necesitan de oleadas turbias. No eres tu quien me perturba, sino mis caminos dándome algo más de que preocuparme. En mi universo tan lleno, con cantidades infinitas de todas las cosas, ya no caben los suspiros. Deberes, placeres y los quehaceres que más disfruto, fluyen, cual corrientes, ansiosas por realizarse. Un cariño erráticamente direccionado no me va a desconcentrar. Hay tanto por hacer, que el deseo de mi ser lo declaro tarea del arcángel Gabriel. Me rehúso a entrañarme en un laberinto de berrinches inertes. Nunca quise jugar, aunque bromeando eso aparenté. Además, luchar por una amistad frívola nunca ha conducido a ningún lugar. Qué felicidad saber que mis problemas son aparentes, son una ilusión, algo que no conocí. No hay nada malo que corregir, solo momentos por gozar y otros tanto para recordar. Me llena de júbilo saber que te conocí. Que importa ya lo demás. Mejor de vuelta a trabajar, pues hay muchos deberes que entregar.
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