La palabra conciencia se forma a partir de unir los vocablos del latín: cum y scientĭa, que juntos significan, literalmente “con conocimiento”. Conciencia es “darme cuenta” de la realidad. Saber que pienso, siento y hago; en el momento en que estas tres dimensiones de mi ser se unen, creo coherencia en mi vida.
Los momentos que vivimos estando concentrados se almacenan en la memoria, por eso es muy común olvidar dónde pusimos las llaves; pero cuando estamos consientes despierta nuestra creatividad y disfrutamos lo que hacemos. Los seres humanos que han marcado al mundo, vivían en alerta, vigilando sus palabras y buscando constantemente otras formas de ver y hacer las cosas. Un ejemplo sería Leonardo Da Vinci. Él, vivía ocupado. Observando e inventando para complacer a sus mecenas; porqué ése era su trabajo, pero a nosotros ¿Quién nos obliga? A nosotros nos obliga la búsqueda natural del ser humano por ser mejores. La voluntad, la paz, el éxito y el amor. Eso es lo que nos mueve.
La mayoría del tiempo nos rigen los hábitos. Por lo tanto nos convertimos en blancos fáciles para los manipuladores, el mal humor se convierte e
n cosa de todos los días y reaccionamos ante las situaciones. No hay cosa más fácil que decir que nuestras vivencias nos “suceden”. La peor consecuencia es que despertamos cuando ocurren tragedias que pudimos haber evitado. Pues la mente lleva a aplicar el conocimiento para buscar vías alternas.
Despertemos mediante la observación. Es una disciplina que se tiene que educar, podemos enlazarnos a la fuerza de voluntad para sacar la mejor versión de nosotros mismos. Observar es convertirse en testigo, sin juzgar. Callado el diálogo interno, nuestra atención nos permite darnos cuenta de lo que pensamos, sentimos y de cómo actuamos. Una vieja cita dice “El Hombre inteligente soluciona los problemas. El sabio los evita.” La única forma de evitarlos es de ésta manera. Es importante poner atención a nuestros silencios ¿Qué nos decimos? ¿Qué estoy pensando ahora? ¿Estoy de acuerdo con eso? ¿Qué hablamos de los demás? ¿Cuál es la palabra que más utilizo?
No hay que distraernos. El resultado de vivir consientes es integrar el físico, las emociones y el intelecto para una sinergia inquebrantable. Es ser libres de los apegos materiales, saber manejar los instintos, seleccionar las palabras al hablar y que nuestra mente se dé cuenta que el verdadero propósito que tenemos es el de servir a los demás.
Todas las carreras y títulos universitarios, no serían nada sin el ideal de prestar un servicio a nuestra sociedad. Los médicos, salvan vidas; los arquitectos, construyen; y nosotros comunicólogos, enviamos mensajes de la manera más fiel y limpia como sea posible, siempre al servicio de nuestros receptores. San José María Escrivá, fundador del Opus Dei, decía “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Despertemos para ser felices, disfrutar la vida y ponernos al servicio de los demás. Porque al final, es lo único que importa.
Los momentos que vivimos estando concentrados se almacenan en la memoria, por eso es muy común olvidar dónde pusimos las llaves; pero cuando estamos consientes despierta nuestra creatividad y disfrutamos lo que hacemos. Los seres humanos que han marcado al mundo, vivían en alerta, vigilando sus palabras y buscando constantemente otras formas de ver y hacer las cosas. Un ejemplo sería Leonardo Da Vinci. Él, vivía ocupado. Observando e inventando para complacer a sus mecenas; porqué ése era su trabajo, pero a nosotros ¿Quién nos obliga? A nosotros nos obliga la búsqueda natural del ser humano por ser mejores. La voluntad, la paz, el éxito y el amor. Eso es lo que nos mueve.
La mayoría del tiempo nos rigen los hábitos. Por lo tanto nos convertimos en blancos fáciles para los manipuladores, el mal humor se convierte e
n cosa de todos los días y reaccionamos ante las situaciones. No hay cosa más fácil que decir que nuestras vivencias nos “suceden”. La peor consecuencia es que despertamos cuando ocurren tragedias que pudimos haber evitado. Pues la mente lleva a aplicar el conocimiento para buscar vías alternas.
Despertemos mediante la observación. Es una disciplina que se tiene que educar, podemos enlazarnos a la fuerza de voluntad para sacar la mejor versión de nosotros mismos. Observar es convertirse en testigo, sin juzgar. Callado el diálogo interno, nuestra atención nos permite darnos cuenta de lo que pensamos, sentimos y de cómo actuamos. Una vieja cita dice “El Hombre inteligente soluciona los problemas. El sabio los evita.” La única forma de evitarlos es de ésta manera. Es importante poner atención a nuestros silencios ¿Qué nos decimos? ¿Qué estoy pensando ahora? ¿Estoy de acuerdo con eso? ¿Qué hablamos de los demás? ¿Cuál es la palabra que más utilizo?
No hay que distraernos. El resultado de vivir consientes es integrar el físico, las emociones y el intelecto para una sinergia inquebrantable. Es ser libres de los apegos materiales, saber manejar los instintos, seleccionar las palabras al hablar y que nuestra mente se dé cuenta que el verdadero propósito que tenemos es el de servir a los demás.
Todas las carreras y títulos universitarios, no serían nada sin el ideal de prestar un servicio a nuestra sociedad. Los médicos, salvan vidas; los arquitectos, construyen; y nosotros comunicólogos, enviamos mensajes de la manera más fiel y limpia como sea posible, siempre al servicio de nuestros receptores. San José María Escrivá, fundador del Opus Dei, decía “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Despertemos para ser felices, disfrutar la vida y ponernos al servicio de los demás. Porque al final, es lo único que importa.