Hace unos días, por razones irrelevantes, me vi en la necesidad de buscar las fotos familiares que llevan guardadas alrededor de 10 años en alguna parte de la casa. Después de explorar en todos los lugares donde se podían encontrar cosas viejas, di con ellas. Algunas estaban en mi cuarto, otras en el closet de tiliches y otras tantas las fui recolectando sobre la marcha. Después de tenerlas todas, me puse a examinarlas una por una. Fue chistosísima la forma en la que volví a vivir cada uno de los momentos plasmados en la pila de papel fotográfico. Recordé olores, amigos, familiares, vestidos y tantas tonterías. Me inundé de nostalgia al ver mis juguetes y con quienes ya no comparto una amistad. Tengo fotos haciendo las cosas que todavía disfruto… Pintar, cantar, reír y estar con mis papás. Creo que aparezco disfrazada en la mitad de mis fotos, eso me trajo muchos recuerdos; mis juegos favoritos incluían vestirme, maquillarme e imaginar situaciones magníficas para actuarlas y bailarlas. En definitiva, sigo haciendo eso del mismo modo, pero diferente. Después de viajar y explorar entre los recovecos de mi memoria sentí como, poco a poco, me inundaba de alegría con tintes de agria melancolía. He cambiado mucho, aunque sigo siendo la misma. Hay veces que olvidar quién eras es inevitable. Ver aquellas imágenes me hizo volver a un mundo donde todo estaba bien siempre, donde no saber muchas cosas era un tesoro y la curiosidad, la travesía por alcanzarlo. No encuentro la hora en que mi mundo se complicó, ni la razón tampoco. Lo que nos rodea es más sencillo cuando, genuinamente, eres sencillo. La presión social, la velocidad, la competencia, los miedos creados, el conocimiento adquirido, en mancuerna con aquel producto de secreción de ciertas glándulas es, sin lugar a dudas, un reto que aquella niña jamás imaginó que fuera así.
Por supuesto que ése día en que abrí el baúl de los recuerdos no pude andar por la ciudad como antes. Traté de transformar la cara de cada persona que pude ver de cerca en su rostro de infante: policías, cajeras, civiles, conocidos, profesores y hasta los conductores o actores que vi en televisión. Sé que no todos vivieron como yo de niños, pero todos soñaron con inocencia alguna vez de sus vidas.
No estoy decepcionada de lo que me he convertido (porque en un solo día puede tomar tantas formas…) si no impotente porque no sé cómo diantres regresar el tiempo. Analizando a fondo la bola de sentimientos encontrados y pensamientos misceláneos al respecto, pude notar que si regresaba el tiempo las cosas tampoco serían perfectas. Mi actitud sería más sencilla. La sencillez deja que las situaciones fluyan con naturalidad. A veces la energía pasiva es la correcta. Considero importante adaptar las técnicas para atrapar cualquier deseo, según la ocasión. En ocasiones lo correcto es atacar hasta alcanzar, y en otras, mejor hay que esperar. Esperar es un fenómeno muy curioso. Más que esperar, dejar el tiempo pasar para ver las cosas más nítidas. Cuando algo confuso ocurre, es como verse en un espejo desde muy cerca. No hay una percepción de la imagen total, pero al hacernos para atrás podemos ver el cuerpo completo. Así, el tiempo, es como ésos pasos hacia atrás para ver a distancia más objetos a la vez. Ahora, es fácil concluir que en unos tantos años voy a volver a imaginarme cómo era tener 19 años, y sin duda alguna, me voy a volver a envidiar.
Por supuesto que ése día en que abrí el baúl de los recuerdos no pude andar por la ciudad como antes. Traté de transformar la cara de cada persona que pude ver de cerca en su rostro de infante: policías, cajeras, civiles, conocidos, profesores y hasta los conductores o actores que vi en televisión. Sé que no todos vivieron como yo de niños, pero todos soñaron con inocencia alguna vez de sus vidas.
No estoy decepcionada de lo que me he convertido (porque en un solo día puede tomar tantas formas…) si no impotente porque no sé cómo diantres regresar el tiempo. Analizando a fondo la bola de sentimientos encontrados y pensamientos misceláneos al respecto, pude notar que si regresaba el tiempo las cosas tampoco serían perfectas. Mi actitud sería más sencilla. La sencillez deja que las situaciones fluyan con naturalidad. A veces la energía pasiva es la correcta. Considero importante adaptar las técnicas para atrapar cualquier deseo, según la ocasión. En ocasiones lo correcto es atacar hasta alcanzar, y en otras, mejor hay que esperar. Esperar es un fenómeno muy curioso. Más que esperar, dejar el tiempo pasar para ver las cosas más nítidas. Cuando algo confuso ocurre, es como verse en un espejo desde muy cerca. No hay una percepción de la imagen total, pero al hacernos para atrás podemos ver el cuerpo completo. Así, el tiempo, es como ésos pasos hacia atrás para ver a distancia más objetos a la vez. Ahora, es fácil concluir que en unos tantos años voy a volver a imaginarme cómo era tener 19 años, y sin duda alguna, me voy a volver a envidiar.