lunes, 15 de marzo de 2010

Lo que he aprendido en XX años

Esta es la primera vez que me siento a escribir desde mi cumpleaños, el pasado 11 de marzo. Haciendo una evaluación integral descubrí que estoy muy satisfecha con lo que he vivido en mi pequeña historia. He aquí lo que he aprendido en mis 20 años recorridos por el planeta tierra:
1. “Silence is golden” - Agent 007. El silencio no de lo secreto y vergonzoso, si no de lo prudente y respetuoso. No a cualquiera de le pueden compartir los sentimientos, además no hay nada peor que la alta traición a la confianza.
2. Nunca estés con alguien que no gusta de tu compañía. Es normal que nos cueste trabajo aceptar que no a todos les podemos agradar pero si hacemos a un lado nuestro ego y vemos con inteligencia la realidad, no sólo evitamos un momento incómodo; más bien sólo nos prestamos para quienes saben valorarnos como individuos. Es una pérdida de tiempo intentar ir en contra de éste punto.
3. La buena educación siempre es bienvenida. Cuando te equivoques, pedir perdón es lo correcto; parece una tontería pero es impresionante lo fácil que es olvidarlo. Lo más agradable que nos podemos encontrar es una persona de buenas maneras, no lo digo de una forma presuntuosa ni con falsa elegancia, al contrario, es mostrar humildad en el trato con los demás y darles el lugar que se merecen por el simple hecho de ser personas.
4. La pena es una basura. También es el apodo más común del Miedo.
5. Hay que reinventarse para descontaminarse de prejuicios y “reglas” inertes. Aquí volvemos a ser nosotros mismos y nos reconectamos con la naturalidad inherente a cada uno desde nuestro nacimiento. Dejar a un lado los traumas y volver a ser nosotros, porque el “mundo” de todos modos va a seguir criticándonos, cualesquiera que sean nuestras acciones. Hay que dejar de satisfacer a los demás con protocolos y mañas inútiles o perjudiciales.
6. Decir “no” no es de mal gusto. Hay que saber cómo, pero una vez dominada la técnica, el mundo es tuyo. Pues cuando dices sí, es porque quieres, no porque crees que debes. Ahí nos hacemos responsables de nuestros actos y todo ocurre bajo nuestro control y consentimiento.
7. La mejor plática que puedes tener consiste en escuchar lo que tu interlocutor tiene para compartir. Esto me lo enseñó un primo mío, y tiene toda la razón. La actitud receptiva es la llave del conocimiento. Es increíble todo lo que las personas saben y tienen para enriquecerte. Si cada cabeza es un mundo ¿Cuántos mundos conoces?
8. Perdónate a ti mismo. Perdonar a los demás nos vale porque su vida nos importa un papalote, pero los errores que cometemos fallando en contra de nosotros mismos son una bala al ego, es decir, duele muchísimo. El problema es que si no nos perdonamos, perdemos la confianza para pararnos un alto más tarde, incrementando las posibilidades de volverlo a hacer.
9. Jamás trates de controlar lo que no puedes. Acéptalo: no eres dios, sigue con tu vida. Hay mayor satisfacción cuando nos enfocamos en lo que sí depende de nosotros y consigo trae paz, armonía y un alto sentido de responsabilidad.
10. ¡Llénate de todas las endorfinas que puedas! Haz ejercicio. El buen humor es lo mejor. Es un excelente recurso para salir de una situación incómoda, sentirse mejor en la enfermedad, subir defensas, crear una atmósfera de complicidad o acercarse más a una persona.
11. Todo toma la importancia que tú quieres que tenga. Vivimos en un mundo dónde nadie ve las cosas desde la misma perspectiva. Cada quien elije, independientemente de que lo sepan o lo acepten, la óptica de su preferencia para ver las cosas. La actitud que se tome, para cualquier ocasión, va a determinar el grado de importancia que tenga para el individuo, y muchas veces, influyendo a los ojos de otras personas. Esto es un arma de doble filo: Podemos alimentar o desarmar el grado de importancia y trascendencia en las propuestas, eventos, opiniones y hasta actitudes de otros para con nosotros.
12. Aunque siempre estés sola “Undress like everyone’s watching” – Victoria´s Secret.
13. Cuando no quieras hablar, no debas hablar o no tengas idea de qué decir: Cierra un ojo y sonríe.
14. Date unos minutos al día para ti. Disfruta de oír música, conocerte, descansar y desconectarte para leer, pensar, no hacer nada o meditar. Ya tendrás tiempo para compartir.
15. Encuentra tu pasión y dedícale tiempo. Lo ideal sería que tu pasión fuera tu profesión, pero igual optar por un hobbie puede ser muy satisfactorio. Según el libro “The monk who sold his Ferrari” éste concepto es el famosísimo secreto de la felicidad eterna.
16. “No one can make you feel inferior without your consent.” - Eleanor Roosevelt
17. No hay tiempo que perder. La figura del tiempo es un concepto creado, es la medición del presente para dividirlo en pasado y futuro. Por otro lado, es vida. Según Salvador Dalí, el tiempo es un fluido. Viene y va pero no regresa. Si todos los días durante dos meses perdemos un pequeñísimo minuto de nuestro tiempo, sumaríamos una hora ¿Qué no haríamos con una hora libre extra en nuestra ajetreada vida? Salas de espera, tráfico, momentos aburridos… Evítalos con un iPod, un libro, encerrado en tus pensamientos o platicando con alguien. No hacer nada puede ser aprovechar el tiempo si así quieres que sea.
18. Evita vivir en “piloto automático”. Tal vez aquí se encierre todo lo que he aprendido. Carpe Diem. Hay que estar alerta y concentrados en todo momento. Es la forma más fácil de que todo salga perfecto sin esfuerzo aparente ¡Despertar! Despegarse de la rutina procurando hacer todo con un esfuerzo, un detalle o una actitud dotada de un extra para sacar nuestros momentos de lo ordinario.
19. La casa no es nada si no es un hogar. En primaria me enseñaron que la definición de familia es: Grupo de personas que se relacionan entre sí para realizarse como humanos. El día que tenga un hogar propio voy a procurar la utopía anterior, porque ahí van a vivir las personas que compartirán el amor y los vínculos más fuertes que existen, pues son la unidad más pequeña de la sociedad.
20. 1 Corintios 13: “3 Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. 4 El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. 5 No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. 6 No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
21. El alcohol no es el fin de una fiesta. Todos tomamos con nuestros amigos, familiares y conocidos para pasarla bien; pero no hay que olvidar que nuestros acompañantes nos pueden hacer sentir mejor que cualquier bebida o sustancia que podamos consumir.
22. La educación académica es el mejor regalo que he recibido. Lo aprendido no se olvida. El conocimiento es el recurso más importante, y la ignorancia, mata.
23. Hay que vivir agradecidos. Esta actitud hace la diferencia entre volver a recibir o no un bien.
24. Que no pregunten quién te va a dejar, sino quién te va a detener. Una actitud sólida ante una decisión tomada es clave en la historia de su éxito.
25. Nunca finjas saber lo que desconoces. Entre otras apariencias estúpidas, ésta es la peor. Lo mejor es aprovechar la situación para aprender y hacer al otro sentirse un experto en el tema.
26. Conoce a las personas, no te bases en los chismes a cerca de ellas, pero siempre toma tus precauciones. No debemos hacer a un lado a los demás, pero tenemos que estar receptivos para percibir su esencia, actitudes y manías. Cuidado, porque es muy fácil tener una falsa corazonada. La observación es una herramienta excelente para determinar que hay más allá de las apariencias. El racismo, sexismo, persecución o intolerancia religiosa, la homofobia y el nacionalismo son estados primitivos de la evolución humana.
27. No todos los genios en música y las demás artes están muertos. Al contrario, los artistas actuales tienen como reto innovar e inventar. Falta mucho por escuchar, leer, escribir, ver, dibujar, esculpir, oler, probar y conocer. Disfruta lo que el mundo recrea.
28. El dinero no es lo más importante. Lo que sí es vital es saber ganarlo, administrarlo, ahorrarlo, valorarlo y gastarlo.
29. Cuidar el medio ambiente no es de Eco-Freaks. Por otro lado, es de gente responsable y consiente.
30. Hay que devolverle algo a esta sociedad. El altruismo y ayudar segrega endorfinas, también ayuda a estimular las conexiones entre las neuronas, nos llena de una auténtica felicidad y un genuino interés por los otros.
31. Nunca perdones y olvides, mejor perdona y aprende. No sirve de nada perdonar a los demás si corres el riesgo de que te hagan lo mismo y te falten al respeto muchas veces jugando a confesarse. Mejor perdona, libérate, pero hazte a un lado. Si te la vuelven a hacer es culpa tuya, porque ya conocías las malas mañas de tu prójimo.
32. Evita meterte con las posturas personales de los otros. Intentar cambiar ideologías pre establecidas en las personas, lejos de mostrar la “verdad” y salvarlos de su ignorancia, el “salvador” se involucra de forma personal en asuntos que no son de su incumbencia, ganándose el auténtico rencor de los demás. Lo mejor es dejar que sus papás se encarguen de la educación de sus hijos.
33. El respeto es la mejor política.
34. Exagerar y mentir es altamente peligroso. Equivale a manchar 3 de los 4 pilares de la reputación y aniquila un buen índice de confiabilidad de la persona.
35. No hay que dar malas noticias. Las personas siempre nos relacionan con los sentimientos que provocamos cuando escuchan nuestras palabras. Hay que buscar la mejor forma de rasgar positivamente, pero sin mentir ni manipular. La actitud habla más que lo que sea que podamos decir. Las bromas pueden ser un buen recurso también.
36. La naturaleza nos habla. Las mejores analogías para nuestras situaciones difíciles se pueden comparar con fenómenos naturales. Éste tipo de análisis lo utilizaron grandes cerebros cómo el de Leonardo Da Vinci para contestar sus más grandes enigmas.
37. Tus problemas más grandes, no son nada si los comparas con los de cualquier otra persona. Esto lo he aprendido por medio de mi corta experiencia. He visto el mismo patrón repetirse una y otra, y otra, y otra vez…
38. Hay 3 filtros para ser éticos sin errar nunca: ¿Es legal? ¿Cómo me voy a sentir? ¿Me gustaría que mi familia lo supiera?
39. Los amigos son un verdadero tesoro. Eso es un cliché, pero identificarlos y cultivarlos es cosechar los mejores recuerdos.
40. Existe un creador. El mundo no se hizo solo. No sé quién fue, pero no hizo al mundo a partir de la palabra porque Dios creó al mundo, luego vinieron los dinosaurios, después llegó el hombre, y él, mucho más tarde, desarrolló el lenguaje hasta que evolucionó lo suficiente para llegar a la Palabra cómo el signo lingüístico que utilizamos ahora. El pionero de esta metodología del pensamiento es nada menos que Umberto Eco (Il Nome della Rossa).
41. El arte: Es la habilidad humana para crear.
42. El corazón y la mente no siempre se coordinan en la misma página. Por suerte, el tiempo se encarga de unirlos tarde o temprano.
43. El olfato tiene la mejor memoria del mundo. No hay como un buen perfume.
44. El cerebro es un músculo. Si no se usa, se atrofia.
45. Un buen físico y una brillante inteligencia no deben estar peleados. Por el contrario, un cuerpo sano crea el hogar perfecto para el intelecto.
46. El ocio hace al vicio.
47. Investigar tus raíces, conocer tu pasado y platicar con los abuelos es importantísimo. Es el mejor viaje que alguien pueda emprender. Ahí descubrimos que somos “los mismos envueltos en novedad” – Miguel Bosé
48. Jugar el papel de víctima es: Inútil, odioso, manipulador, estúpido e inmaduro.

lunes, 8 de marzo de 2010

Armonía universal. Capítulo I: Intuición

Siguiendo una corazonada
He tenido un enigma crónico-personal durante los últimos 4 ó 5 años de mi vida (eso es igual al 20 o 25% de mi existencia…). No sé si pueda explicarlo con la fluidez que me gustaría pero va más o menos así: Me considero escéptica, no hay casualidades, todo se disminuye a causa-efecto y trato de ser lo más objetiva posible; pero mi intuición, la armonía universal, entre otras corrientes inexplicables siempre me han hecho ruido. Hoy todos esos factores, cuyos argumentos he considerado en forma arrogante, inútiles, me dieron una lección alentadora.
Una domingo de marzo, el clima precioso, en compañía de personas con quienes puedo pasar un rato agradable. La conversación no era nada del otro mundo, pero igual la estaba pasando bien, musiquita de fondo, sillones cómodos y risas por todos lados. Primero todos hablando unos con otros envueltos en anécdotas o chistecitos improvisados para completar la atmósfera nocturna. Después, cada quién empezó con pláticas un poco más privadas dándole continuidad a vivencias pasadas y a la confianza que existe como producto de una amistad.
Todo iba tranquilo y alivianado, hasta que me preguntaron a cerca de un proyecto que tenía inconcluso por ahí, el cual me llenaba de ilusión y compartí un poco de esa felicidad al principio de éste con un par de mis más allegados. Tuve la ocurrencia de sincerar mi mala fortuna, ya que no tomó la forma que yo esperaba, con alguien que toda la vida ha sido de cercana a mí. No podía creer la sonrisa malévola en el rostro de mi interlocutor. Pude sentir, oler, probar, tocar e incluso nadar en la siniestra felicidad en la que se refrescaba su sucio placer. Lo peor del caso es que, con toda la hipocresía del mundo, me veía con un gesto de alegre indiferencia acompañada de floridos comentarios pesados. No quise armar una escena, mejor lo dejé pasar por el bien de la paz social. Pues si soltaba la bomba entre los demás, el chisme duraría una semana y no estaba dispuesta a hacer de un pétalo un rosal. De una cosa si estaba segura, no me iba ir a dormir con un mal sabor de boca picándome el paladar.
Me subí al carro, y mientras estaba el semáforo en rojo, busqué en el directorio algún número para comunicarme con un ser humano de verdad. No quería divulgar, necesitaba sacar mi coraje y quejarme a voces vulgares, para después cambiar de tema y seguir pasándola bien hasta poder concluir que esto era sólo un berrinche de niña chiquita.
Llegué a la casa menos esperada, a la hora más imprudente; pero ahí me esperaba una amiga con los brazos abiertos dispuesta a tirarle tierra a quien fuese con tal de mofarnos un rato de la gente que acostumbra a dar malos tratos, hacer caras feas y carentes de educación.
Al terminar de escupir mi malaventuranza ensimismada en mi actuación de mártir, me di cuenta de que no era para tanto. La verdadera razón de mi enojo fue que ése tema en particular me ponía especialmente sensible. Las metas que me fijé y las fantasías con las que decoré aquella utopía tan cerca y tan lejos siempre me arrastra cuando me doy cuenta que disminuyo a la calidad de lo que pudo ser. En fin, mientras me mal viajaba una voz cálida me explicaba que esas palabras eran habituales en ella y que nunca me había tocado verla en acción ¿En tantos años? Resulta que es una antigua queja entre el petite comité, pero yo no sabía. Pude notar el amor con el que me intentaba hacer sentir mejor, pero entre sus gestos vi que yo no era la única inconforme en el lugar.
Seguí observado con atención, escuchando sus palabras, examinando los matices que tomaban sus ojos hasta que La Salvadora se torno transparente ante mí; ella también necesitaba mi consuelo. Sería la imprudencia más grande revelar lo que me platicó, aunque eso si lo puedo afirmar, sus problemas eran reales, mas yo era la única persona que conocía que podía ayudarla y orientarla. Qué casualidad que a la misma hora las dos podíamos usar a alguien dotado de un genuino interés interpersonal. Disfrutamos mucho el proceso de tomar los hechos y verlos desde todos los ángulos posibles. Duramos horas afuera de su casa desmenuzando un bouquet de emociones infinitas. No lloramos porque era innecesario, aunque eso no significa que dejamos de carcajearnos, bromear, quemarnos el cerebro y terminar por vaciarnos de los sentimientos que nos contaminan para poder llenarnos de paz.
El camino de vuelta a mi casa, exceptuando la terrible música del radio, fue muy satisfactorio (sumándole que me encanta manejar). Iba maravillada por la coincidencia. Ahora que lo escribo entiendo que suene a exageración y, al mismo tiempo, veo como todos estamos conectados porque no servimos de nada si no estamos para ayudarnos entre nosotros. Normalmente no le habría hablado a nadie para compartir una tontería como esa, y si mis papás se enteran me matarían pues, según ellos, me han educado para hacerme inmune a los comentarios externos. Considero que sí seguí a mi intuición haciendo a un lado mis prejuicios contaminantes con un resultado anonadante. Lo que gané esa noche no fue consolar a mi estúpido ego herido, ni sentirme muy bien porque jugué a la psicóloga un rato. Mi premio fue poder pararme en los hombros de alguien más alto que yo para ver la imagen completa.
Esto va ser material de investigación, no por una corazonada acertada puedo afirmar que todos somos parte de una misma energía universal, pero si lo que existe en realidad funciona así, estoy dispuesta a descubrirlo.